Com tota norma hi ha EXCEPCIONS, un relat en castellà dedicat a tots aquells que us considereu curiosos, amb ganes de coneixeu tot. També dedicat al Mikel Recalde pel seu cometari que li va posar.
Al saber qué
hacía tiempo mi padre había tenido una amante me quede pasmada. Busque cartas
en su cuarto de trabajo mientras él leía el periódico, sabía que estaba mal
pero la curiosidad me comía. Anne, se llamaba y había toda una carpeta
escondida entre libros dedicada a ella. Por lo que vi, mi padre la había
abandonado al saber que estaba embarazada.
Por el pueblo
todos nos conocíamos pero nadie conocía a Anne. Me pase muchas tardes cuando
los niños se iban del colegio para encontrar cualquier cosa útil. Al cabo de
días supe que mi hermanastro vivía en una casa encima de la Colina Seca. Un
lugar muy inhóspito.
Cuando estuve
delante paré y miré a mí alrededor. Ni una luz en las ventanas de la casa, la pared
desgastada, algún trozo en el suelo, las flores del jardín muertas como las
personas del cementerio y la puerta pulcramente barnizada resaltaba alrededor
de ese sitio tan sucio. La entrada debía ser el doble de alta que yo y de
color, de color, no lo sabría decir ya que tan solo con la poca luz del sol que
se filtraba por los arboles no se podía decir si era azul oscuro o negro. ¿Qué
hacía yo allí?
Cogí el pomo para
picar cuando la puerta se abrió. Una mano muy huesuda y pálida me entro a
dentro. Un muchacho, de mi misma edad me miraba. Todo él era pálido y delgado
pero tenía un no sé qué atractivo. Me puso sus manos heladas en la cintura y me
besó. Mi cuerpo tembló. Intente alejarme, tenía que ser fiel a Arthur, volvió
otra vez y un agrío gusto a sangre me lleno la boca. De todas las formas
posibles intentaba seducirme. Cuando probo de quitarme la camisa cogí todas mis
fuerzas y le di un golpe en la cara, que se volvió roja. Esta vez paro y mi último
recuerdo es un beso doloroso en el cuello.
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